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Es cruel hacerme desandar los caminos
que enredados en mi corazón
se guardaban como olvido,
pero el humo que aura fumo
baila la música del viento
al compás deste momento
y yo recuerdo.

Una vez yo amé a una piba de ojos de portal
sonrisa de mediatarde,
en sus piernas quise escapar,
pero un gil al final fui
porque la abandoné
sin saber por qué
y deso me arrepiento.

Y no lo digo por cartel
¿o vos te pensás
que me gusta malflashar?
Es que no tengo glorias
ni muchas penas pa' contar;
sólo unos labios de mujer
clavaos en la memoria
y el beso deste fasito
pa' recordar.
SONETO PARA UNA PAREJITA DE WACHINES.

Le dio amor como dandole un facazo,
fue un Romeo que le erró a la ventana,
era cantao que los dos no tenían mañana
y que ella lloraría en otros brazos.

No era malo pero estaba desorientao
se ve que se mandó un par de macanas,
vendiendo una merca toda cortada
se guardó un vuelto y se lo cobraron.

Terminó baleado en una plaza,
y ella quedó cuidando en su panza
al hijo que él nunca vería.

La piba se juntó con otro chabón
que aunque la quiere no le quita el dolor
de la ausencia, esa cuchilla fría.

Vení, che musa,
a alumbrarme con tu canto
que tengo el alma destrozada
y espero juntar los pedacitos,
chamuyando.

Se me hace que celebrar
se parece al olvidar,
tienen la mesma cuna,
la mesma intensidá,
nacen del dolor
y se quieren escapar
y se pierden en la bruma
del trago y del cantar.

Vení, denserio, musa,
a acariciarme en los labios
que me duele el mundo
si no estás acá cerquita
pa’ aclararlo.
Tenía ¡tan sólo! quince años
la piba aquella del rancho de latón,
se creía curtida en desengaños
hasta que uno le juro eterno amor.
Fue un lindo flasheo de verano,
fundidos en uno solo los dos,
hoy el chanta se ha borrado
y ella mezcla llanto con alcohol.

¡Tetrabrik, sepulcro del dolor!
Ella encuentra al besarte
el insólito consuelo de una madre.
¡Tetrabrik, vampiro bermellón!
Ella bebe de tu sangre,
garganta que le arde.
y vos vaciás su corazón.

Cuando vino el final, la despedida,
y quedó en compañía de su soledad,
el ruido de los autos en la avenida,
susurro parecido al del mar,
le ayuda a abrir la herida,
en las penumbras d'un umbral
manchada de luces está la piba
que llora y no para de escabiar.